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Prusia, 1741: la corte real sufre el comienzo de una especie de “revolución cultural” gracias a la subida al trono del joven Federico II. Conocido como “el Grande”, quizás el apelativo se deba a sus brillantes acciones políticas y militares, y a sus reformas en el terreno de las leyes, la educación y la economía. A todo esto se suma que sus inquietudes intelectuales, fuertemente influenciadas por Francia y por el espíritu de la Ilustración, le hacen rodearse de las grandes figuras del entorno cultural europeo.

El concierto de flauta (1852) por Adolph Menzel, muestra a Federico II tocando la flauta en su sala de música en Sanssouci. Carl Philipp Emanuel Bach lo acompaña al clave.

En el terreno de la música, y en contra de los deseos de su padre –que la consideraba un “pasatiempo afeminado”–, el propio rey llevaba ya seis años tomando lecciones de flauta de la mano de Johann Joachim Quantz, que se convertirá en el compositor de la corte, profesor del rey, constructor de flautas y director de la orquesta. Orquesta en la que debemos imaginar al tercer hijo del primer matrimonio de Johann Sebastian Bach, Carl Philipp Emmanuel. Es una de sus sonatas la que abre el programa y la que nos va a permitir situarnos en una tarde de ocio en la que los músicos de la corte se recrean haciendo música de cámara posiblemente con la participación del mismísimo rey a la flauta. Poco hecho para el oficio de la corte, Carl Philipp Emmanuel compone al gusto del rey –y al gusto de la época– música de entretenimiento, pero pronto se alejará de los ideales anacrónicos y buscará la expresión de los sentimientos, de las emociones –como nos ilustra el segundo tiempo de la sonata–, de lo que representará el  “Empfindsamer Stil”.

Potsdam, 1747: imaginemos en ese contexto, y con músicos como Johann Gottlieb Graun, Franz Benda o el propio Quantz en la corte, la llegada inesperada de un invitado de honor. En la primavera de 1747, Johann Sebastian Bach emprende viaje desde Berlín con su hijo mayor, Wilhelm Friedemann Bach, para visitar en el palacio real de Potsdam a su hijo Carl Philipp Emmanuel. Cuando llega a oídos del rey, éste solicita la presencia en la corte del gran músico,  de fama ya legendaria como compositor e improvisador. Según los periódicos de la época y según Carl Philipp, que sería testigo desde su clavecín, el propio rey tocó un tema al fortepiano invitando a Johann Sebastian a que improvisara una fuga sobre éste –deseo que cumplió al momento–, y posteriormente le solicitó una fuga a seis voces. Parece ser que Johann Sebastian Bach encontró el tema tan denso y bello que a la vuelta a Leipzig quiso plasmarlo sobre papel, y dos meses más tarde, el 7 de julio, envió al rey, impresa en letras de oro y con una dedicatoria, lo que tituló “Una ofrenda musical”, compuesta de dos fugas –una a tres voces y otra a seis–, diversos cánones y una sonata para flauta travesera, violín y bajo continuo. Todo un despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema.

Esta historia continúa el día 9 de octubre en la Sala “Miguel Ángel Clares” del Auditorio y Centro de Congresos “Víctor Villegas” de la Región de Murcia. Allí tocaremos la Ofrenda Musical BWV 1079 de J. S. Bach. Te esperamos.